Dice lejendario2 en
http://www.grupobuho.es/biblioteca/1580 ... naturaleza, que:
“Birján es un dios poco conocido, pues no le gusta manifestarse ruidosamente. Aun en el mismo Olimpo ( en donde radica) pasa desapercibido. Es –sin embargo- el dios que decide las probabilidades de los eventos, el dios de los juegos de azar. Su influencia entre los Dioses y entre los hombres es definitiva.”
A veces me pregunto si no habría que orar a Birján para que nos elimine esta peste de panistas que todo han destruido. Todo han corrompido, nada han respetado y en el afán de enriquecerse a prontitud nos han secuestrado la tranquilidad.
¿Qué hacer con la mina, no de oro, sino explosiva de los casinos que nos regalaron los panistas Vivente Fox y Santiago Creel a las que ha agregado unos cuantos cientos de antros Felipe Calderón?
!Cerrarlos, clausurarlos, tapiarlos.!
Ahí no interviene Birján, no interviene el azar. Ahí lo que interviene es la certeza del enviciamiento, la adicción, de la corrupción, del crímen y del asesinato.
No acudo a los casinos porque por acá por donde vivo ir a esos lugares es como jugar a la ruleta rusa con 6 balas en el cilindro: eso del Casino Royale no es tan nuevo como se pretende. En mi opinión es lo mismo el número de muertos sea que se den en un sólo evento o en varios. Es la misma grvedad, pero la sociedad se irrita sólo cuando son juntos y de a montón.
El vicio del juego no es cosa de risa.
Algo entiendo de ello: Era yo un jugador febril. Soñaba con el número bueno. Buscaba por todos los puestos el número de marras. Pedía prestado para jugar. Dejaba de pagar, perdía amistades y nunca llegaba el golpe. Largos años duró eso. Pero tardíamente me enteré que Birján no dirige los sorteos y que la Lotenal tiene su Contralor Interno al cual desgina el Director del Organismo, que el interventor para los juegos lo designaba SEGOB, que ya hace rato no me merece nada de confianza, y que Fidel Herrera le pegó dos veces al gordo en unas cuantas semanas.
Así fue como dejé de comprar billetes de la Lotería Nacional, el melate, el ráscale y el gato loco que nada tienen de asistencia pública. Lo bueno es que cada día más gente se da cuenta del entuerto que hay ahí.
Al dejar de comprar esas porquerías milagrosamente mis finanzas mejoraron, pagué lo que pude, y me fueron restablecidas la calma y la tranquilidad, tesoros que son de incalculable valor.
Igual sucede con los casinos: Ahí la ley de las probabilidades no existe. Todo está organizado para asaltar a los incautos y quitarles sus peculios, honras y… hasta la vida.
¿Qué necesidad de ir a esos sitios?
Nada dejan al país sino empleos en condiciones precarias, evasión fiscal, latrocinio, abusos, amenazas, corrupción y muerte.
Veamos el triste caso del Casino Royale: Las autoridades de los tres niveles de gobierno en sus tremendas corruptelas y complicidades para autorizar, verificar y supervisar los antros. Esos tres coludidos con empresarios de igual calaña. Esos cuatro en tratos con el crimen organizado. Esos cinco en connivencia con una sociedad permisiva y tolerante. Hasta que el coctel explotó.
Así sucede ahí y, en todos lados. El mismo coctel que sólo espera reventar y que no es nada fácil aventurar que esas explosiones serán cada vez mayores.
Aquí no es como en los EUA donde existen casinos por todos lados. Allá la ley se cumple y la autoridad anda al pelo con esos sitios, al tiempo que los policias, gobernadores y condados no se coluden con los criminales comunes o de cuello blanco por lo que se sabe.
Pero aquí no: TODO ES PURA CORRUPCION E IMPUNIDAD.
Alguien dijo que esos lugares son como ponerle miel a las moscas. (mierda diría yo).
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Un abrazo Enrique: Cada día están mejor tus comentarios con Aristegui y también tu columna en La Jornada.